CALVARIO: PREMIO A LA META DE UNA REVOLUCIÓN

Valencia, Estado Carabobo, Venezuela, Sábado, 20 de Febrero de 2016, hora, 8:27 am.

Sentado en La Plaza Bolívar de la mencionada Ciudad, por casos fortuitos, en el ambiente, se respira un sentimiento tenso de incertidumbre, los comentarios que se escuchan son: el bachaqueo, los posibles lugares donde posiblemente se pueda encontrar los alimentos básicos para el consumo familiar, la aplicación del nuevo sistema bancario de divisas, el aumento de la gasolina y la incongruente decisión del desorbitante aumento de la cesta ticket con relación al aumento del salario mínimo. 

La gente, en las bancas de la plaza, sentada a mi alrededor, con la mirada pérdida, mirando a lo lejos, pensando (quizás) que será de ellos, la próxima hora, el resto del día, el próximo día, la próxima semana, el próximo mes, o el próximo año. Los niños, ajenos e ignorantes a lo que pasa alrededor de ellos, en esa tierna e inocente etapa de su vida, corriendo alegres, detrás de las ardillas y las palomas de la plaza, y mirando maravillados, con sorpresa y estupor las iguanas que suben y bajan de los árboles buscando comida

Cada quien, zambullido dentro de su propio yo, preso de su propio destino, pero compañeros los unos de los otros de la misma cárcel y palpando la triste realidad que se está viviendo en el país. El País, que en una etapa de su historia pasada, fue el país donde todos los diferentes habitantes del planeta tierra querían vivir: VENEZUELA

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Dentro de la misma plaza, diferentes cuerpos de seguridad,  apostados, y rondando, cuidando, quizás, la aparente tranquilidad o tensa calma de los ciudadanos que disfrutan los espacios de la plaza, pero el cuadro mas dantesco y deprimente, es el de una mujer indigente, acostada en el pedestal de la estatua del libertador Simón Bolivar. Tipológica y simbólicamente pareciera que esa mujer estuviera, en su situación de suciedad, desnutrición e indigencia, representando a Venezuela, clamando al pie de la estatua del Libertador, dentro de su propio ser, ser libertada de aquella condición de pobreza e indigencia.

En un país, donde el tema de la inseguridad es el plato del día a día en la vida del venezolano para sacar un Smartphone en la calle es riesgo total, a parte del tema comunicacional totalmente sesgado por el gobierno para censurar todo lo que pasa dentro del país y decirle a la gente, que no pasa nada, y que todo está bien, y decirle a sus vecinos que tiene un hogar ejemplar.

Saqué mi smartphone, y con temor a ser visto por los policías, y que me decomisaran el tlfno por estar tomando foto a aquel cuadro nada agradable en una de las plazas mas emblemáticas del pais y por ser visto por algún delincuente de oficio que desee despojarme  de mi tlfno, cubrimiendome de un estuche de Polietileno para Laptop, con mucho temor, tome una foto da la triste situación de aquella mujer.

Esa Mujer, como muchas mujeres de este país, engañada por el burdo y seductor machismo Venezolano, quizás presa de algún machista que la sedujo engañándola bajo promesas para obtener de ella lo mas preciado de su personalidad, y abandonándola después de ser usada una y otra vez porque ya su atractivo desapareció para mostrar la lánguida figura del esqueleto humano sobre su piel.

Esa mujer, en tipo, muestra la realidad de una nación que fue seducida por un gobernante quien le prometió: abundancia, riquezas, poderío, pero que en los 15 años de matrimonio lo que hizo este chulo marido fue robarle lo mas preciado de su personalidad para abandonarla y dejarla en el estado mas deprimente y paupérrimo en que puede ser abandonado un ser humano, después de ser despojado de sus derechos, dejándole como premio, a la trayectoria de 15 años de matrimonio, como fruto: EL CALVARIO.