VERDADES QUE MATAN (O EL SINCERICIDIO)

Que nadie lo busque en el diccionario, el termino sincericidio, el sufijo “cidio” ha pasado a significar “acción de matar”. Hablar hoy en día de sincericidio, significa matar a través de la sinceridad.
La confianza es uno de los pilares de las relaciones de pareja, en tal sentido que el ser humano necesita sentir que puede fiarse y confiar en otra persona, ya que los secretos te alejan de las personas y ponen barreras. La mayoría de las parejas acuerdan ser fiel, no tener relaciones íntimas o sexuales con otras personas, pero cuando el ser humano se equivoca, comete errores, se rompen los acuerdos.
Se “tendría” que haber pensado antes de estar con otra persona, pero ese “tendría” se convirtió en un verbo conjugado de forma imposible, ya que no se puede retroceder el tiempo. Después de una infidelidad lo primero que se necesita es ser sincero consigo mismo.

Eres tú quien debe decidir libremente si quieres confesar o no una infidelidad, lo importante es que la persona se sienta bien consigo misma. La confesión de una traición es una opción, pero no es la única opción, en tal sentido de la persona “elegirá”. En el caso, que desees contarlo deberás asumir las consecuencias de los hechos, y ofrecer a la pareja la oportunidad de que perdone, o que no lo haga. En el caso de haber cometido una infidelidad y tener la seguridad plena de que eso no va a suceder más, entonces puedes optar por no contarlo si crees que el hecho de saber la verdad no va aportar algo positivo a tu pareja.
Es como la analogía que existe entre la fiebre y la infección. La infidelidad es un síntoma, no la enfermedad. Lo importante es identificar que genera la fiebre, en tal sentido sería transcendental que las parejas se pregunten si su relación está en riesgo de una infidelidad.
Y para concluir, cuando una pareja se enfrenta a una situación de infidelidad, siempre es difícil y doloroso, pero si logran superarla termina siendo mejor parejas que antes.

FUENTE: YARACUY AL DIA,de fecha 5/11/2014 página 6 de opinión.
Por: Jorge Ojeda RodrígueZ