LOS NEGADORES DEL HOLOCAUSTO (Viaje al Interior del Holocausto)

¿Qué se entiende, hoy, por negador del Holocausto? El negacionismo es la distorsión ilegítima del registro histórico de manera tal que ciertos eventos aparecen de forma más favorable o desfavorable, mientra que el revisionismo histórico se ocupa de la corrección legitima del conocimiento existente sobre un evento histórico. La distorsión ilegitima la constituye la negación de los
crímenes históricos y es lo que denominamos el negacionismo. El «revisionismo histórico» puede ser usado como una etiqueta para describir los puntos de vista de historiadores autodidactas o disidentes que publican artículos que deliberadamente tergiversan y manipulan la evidencia histórica. Algunos de estos historiadores, como David Irving, un defensor del negacionismo del Holocausto, se han denominados a sí mismos revisionistas históricos. Las motivaciones de los negacionistas pueden ser diversas. En el caso del genocidio judío por los nazis, las razones pueden ser principalmente el antisemitismo y la voluntad de defender, incluso negando la realidad de los hechos, al régimen nazi y a sus colaboradores. Así se ha publicado historias
populares que desafían la posición generalmente aceptada de un periodo dado, como es el caso del Holocausto. Para ello, minimizan su magnitud y encubren otros crímenes de guerra nazis, mientras hacen hincapié en el sufrimiento de las poblaciones del Eje en manos de los aliados, subrayando que estos cometieron también crímenes de guerra. Las semillas de lo que seria la futura negación del Holocausto ya estaba sembrada en los nazis de los campos de exterminio, que se divertían y se jactaban cuando advertían a los prisioneros de los campos de exterminio que la guerra la ganarían ellos y que ningún judío quedaría vivo. Decían: «De cualquier manera que termine esta guerra, la guerra contra ustedes la hemos ganado nosotros; ninguno quedará para contarlo; pero, incluso si alguno logra escapar, el mundo no lo creería. Tal vez haya sospechas, discusiones, investigaciones de los historiadores, pero no habrá ninguna certidumbre, porque con ustedes serán destruidas las pruebas. Aunque alguna prueba llegara a sobrevivir, la gente dirá que los hechos que cuentan son demasiado monstruosos para ser creídos; dirán que son exageraciones de la propaganda aliada, y nos creerán a nosotros que lo negaremos todo y no a ustedes. La historia de los Lagern seremos nosotros quienes la escribiremos>>

LeuchterReport

Por fortuna, las cosas no sucedieron como temían las víctimas y esperaban los nazis. Hasta la más perfecta de las organizaciones tiene algún defecto y la Alemania de Hítler, sobre todo en el período anterior a su derrumbe, estaba lejos de ser una máquina perfecta. Aunque trataron, no lograron borrar todas las evidencias. Los mandos de las SS y los servicios de seguridad se dedicaron con el mayor esmero evitar que quedara testimonio alguno. Afortunadamente fracasaron. Quedaron sobrevivientes y toneladas de documentos escritos por los mismos nazis. En fecha reciente se encontraron enormes archivos, en el corazón de la misma Alemania de hoy, que aún esperan ser revisados. ¿Ha servido todo esto para que no existan negadores? Lamentablemente la respuesta es no.
Los negadores comenzaron a aparecer a solo tres años de terminada la guerra, cuando aún estaban las cenizas de los cadáveres cremados en los cielos de Europa. Vamos a enumerar solo a dos: uno por sus ridículas pruebas químicas y al otro por el celebre juicio realizado en Londres. Ernst Zundel y Fred Leuchter. Ernst Zundel nació en Alemania en 1939 y emigro a Canadá en 1958.
Estableció una casa de publicaciones llamada Samisdat Publications, la cual se convirtió en antisemita, racista y negadora del Holocausto. En 1984 el gobierno de Canadá acusó a Zundel de estimular el antisemitismo por su distribución de material antisemita. En 1985, fue encontrado culpable y sentenciado a quince meses de prisión, lo cual apeló. Robert Faurisson y David Irving vinieron como testigos expertos para el juicio. Fred Leuchter, de Malden, estado de Massachusetts, supuesto ingeniero y «experto» en ejecuciones fue contratado por Zundel para traer evidencias sobre los campos de la muerte. Este visito los campos de Auchwitz-Birkenau y Majdanek y a su regreso a EE UU  publicó un largo informe en el que concluye que las instalaciones examinadas no podían haber sido utilizadas ni seriamente consideradas para funcionar como cámaras de gas. Durante el juicio a Zundel quedaron demostrados los errores de Leuchtner. Al investigar los antecedentes de Leuchner se descubrió que no tenía ningún título de ingeniero y que solo había alcanzado uno menor en historia. Las audaces explicaciones de Leuchter eran que cualquiera que hubiera ido a una escuela secundaria sabía suficiente matemáticas y ciencias como para ser ingeniero. Esta afirmación lo terminó por desacreditar ante el jurado. El juez de la causa, Ronald Thomas, escuchó algunos extractos del Informe Leuchter y juzgó la metodología utilizada como «ridícula» y falló que «Leuchter no tenía la pericia requerida para el caso». El Informe Leuchter, un documento escrito por el autoproclamado ingeniero describe la toma de muestras «científicas» que realizó en Auschwitz y que «prueban» que nos fue posible que se usara cianuro en los lugares donde se gaseó a las víctimas. Aunque Leuchter forjó sus títulos y mintió sobre su experiencia en dispositivos para ejecuciones, muchos negadores dicen que el informe es, desde el punto de vista científico, correcto. Aunque esto parece plausible a primera vista, cuando se estudia la química, la toxicología y los mecanismos físicos implicados, se ve claro que este razonamiento no es válido. Un análisis del Informe Leuchter realizado por el profesor George Wellers de París concluyó que los cálculos de Leuchter son absurdos y ridículos. En 1991 una corte de Massachusetts sentenció a Leuchter por practicar la ingeniería sin licencia. Firmó una carta donde reconocía que nunca fue un ingeniero profesional.

David Irviing tuvo que retractarse de haber negado el Holocausto. Sin embargo, los antisemitas siguen citándolo.

David Irviing tuvo que retractarse de haber
negado el Holocausto. Sin embargo, los
antisemitas siguen citándolo.

Un proceso por la verdad
DEBORAH LIPSTAD vs DAVID IRVING

En 1993, Deborah E. Lipstadt, profesora de Estudios Judíos Modernos y Holocausto, en el instituto de Estudios Judíos de la Universidad Emory, en Atlanta, EE UU, publicó el primer estudio completo sobre el movimiento negacionista del Holocausto con el
título en inglés Denying the Holocaust. The Growing Assault On Truth And Memory. En este libro, El informe Leuchter fue escrito por un impostor que dijo ser ingeniero.

muy aclamado por la crítica, la autora denunció a David Irving, un «historiador» inglés autor de varios libros de extendida venta sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial, como el más peligroso de los negadores del Holocausto, por ser un personaje muy conocido por sus libros, artículos y conferencias y quien en sus manifestaciones públicas y en sus escritos ha hecho manifestaciones controversiales o mejor dicho distorsionadas y falsas sobre Hítler y los judíos. Ha llegado a decir que tanto el Holocausto y, por consiguiente, las cámaras de gas nunca existieron y que los campos de exterminio fueron construidos después de la guerra por el gobierno polaco, para fines turísticos. Un año después de la publicación del libro antes mencionado, David Irving demandó a Deborah E. Lipstadt y a la editorial inglesa Penguin Books, en una corte de Londres, por difamación. Los demandados contrataron al bufete de Anthony Julius, muy conocido por haber divorciado a la princesa Diana y por su tesis doctoral sobre el antisemitismo del poeta inglés Thomas S. Eliot. Al principio, Julius no iba a cobrar pero a medida que pasaba el tiempo se dieron cuenta que necesitarían mucha ayuda, ya que el juicio no sería fácil. Estimaron que el juicio costaría 1,5 millones de dólares. La comunidad judía americana, la fundación Spielberg y la Universidad Emory proporcionaron los fondos para la defensa. Al equipo encabezado por Julius se unió Richard Rampton, quien resultó extraordinario litigante, el profesor Richard Evans, historiador y profesor de la historia moderna de la Universidad de Cambridge quien actuó como testigo experto, y el especialista americano en Holocausto, Christopher Browning, así como los historiadores Ian Van Pelt, Peter Longerich y Hajo Funke, todos investigadores de alto calibre. El informe principal, de 700 páginas, lo preparó Richard Evans. Este joven y extraordinario historiador ingles, realizo un profundo análisis y examen de los escritos y conferencias de Irving. En este informe Evans dice: «Ninguno de los libros, artículos ni conferencias de Irving pueden ser tomados con confianza, como una correcta interpretación histórica de los hechos. Todos carecen de valor alguno como historia, porque a Irving no se le puede considerar confiable en circunstancia alguna, si por historiador entendemos a alguien que trabaja para descubrir la verdad sobre el pasado y no tergiversar los hechos». Vivimos en tiempos en que la negación del Holocausto, su trivializacion y minimización, son usados en forma creciente en la agenda antisemita y antiisraelí. Volviendo al juicio de Londres, es importante señalar que el equipo de expertos de Lipstadt, además de tener que probar en tribunal que todo lo dicho por Irving, sobre el Holocausto, era falso también tuvo que ir a Auschwitz, para constatar su existencia. Ya lo había dicho el  celebre jurista americano Oliver Weddell Holmes que los tribunales no estaban para aplicar justicia, sino para hacer cumplir la ley. Finalmente la verdad triunfó en la corte de Londres en el año 2000, donde el equipo que asistió a Deborah Lipstadt logró desenmascarar al más importante de los negadores, quien deliberadamente manipuló las evidencias históricas con el propósito de probar que la Shoá no existió y a su vez promover el antisemitismo y la ideología de la supremacía aria.

Triunfó la verdad

A pesar de todas las dificultades, se llegó a un final donde la verdad triunfó. El juez de la causa, Charles Gray, en su sentencia alabó a
Irving, por su gran investigación de los archivos de guerra. También afirmó que Irving era un hombre inteligente con grandes conocimientos de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, como lo dice el parágrafo 13.167 de su sentencia (de Charles Gray) que durante el juicio se encontraron las evidencias para ser condenado. Dice la sentencia: «Irving, en provecho de sus propias razones
ideológicas, persistente y deliberadamente ha manipulado las evidencias históricas y que por las mismas razones ha presentado a Hítler, desde un punto de vista muy favorable, principalmente en relación a su actitud y responsabilidad por el trato a los judíos, que es un activo negador del Holocausto, que es un antisemita, racista y que esta asociado con los extremistas de la extrema derecha que promueven el neoazismo». No solo Irving, quien actuó solo y sin abogados, perdió el caso. Mas, a la luz de las evidencias que señalaron una serie de tergiversaciones y falsificaciones en sus obras que durante todo el  tiempo previo habían escapado del escrutinio público, fue condenado a pagar los costos del juicio que lo arruinó financieramente y lo forzó a que se declarara en quiebra.

El 11 de noviembre del año 2005, Irving fue arrestado en Austria en base a un fallo judicial de 1989, relacionado con su negación del Holocausto. Fue condenado a tres años de prisión. Durante el juicio de un día admitió, que en 1989, había negado que
la Alemania Nazi hubiera asesinado a millones de judíos. Dijo que eso era lo que el había creído hasta que revisó los archivos de Adolf Eichmann. «Dije eso basado en mi conocimientos de entonces, pero 1991, cuando examiné los archivos de Eichmann no lo volví a repetir(..) Los alemanes sí asesinaron a millones de judíos». Antes del juicio de un día, en Austria, dijo a los periodistas de que no era un negador del Holocausto y que había cambiado su punto de vista. Declaró: «La historia es como un árbol en crecimiento mientras mas se sabe, mas documentos se hacen presentes y mas se aprende y yo he aprendido mucho desde 1989».
¡Qué cinismo!

¿Qué conclusiones podemos sacar de ese histórico proceso que, como dice Débora Lipstadt en su último libro, fue un juicio a la historia? Cuando de judíos se trata no basta lo que descubrieron los ejércitos aliados que liberaron los campos de la muerte al final de la Segunda Guerra Mundial, los testimonios de los sobrevivientes, las miles de toneladas de documentos de la Alemania Nazi, los juicios de Núremberg, el juicio de Eichmann en Jerusalén. Solo basta que un negador cualquiera diga que el Holocausto no existió, para que sea necesario un juicio millonario para desmentirlo. Si eso puedes suceder ahora, ¿qué podemos esperar en el futuro?
Mucha gente, y con razón, está preocupada por que con el paso del tiempo y la muerte de la generación de los sobrevivientes, los
negadores continuarán distorsionando la historia. Deborah Lipstadt dice: «Debemos usar nuestro academicismo para respaldar la verdad histórica. Es nuestra responsabilidad». La verdad y la justicia se sirven algunas veces solo limitando legítimaente la libertad de expresión, como cuando algunos países prohíben negar el Holocausto, conferencias racistas y otras formas de intolerancia y mentira. Si Irving hubiera ganado eso hubiera representado una derrota a la verdad. La verdadera justicia y la libertad de expresión ganaron. La libertad de expresión no consiste en expresar mentiras, consiste en exponerlas y en combatirlas. El mercado de ideas debe estar abierto, pero no para las mentiras. Eso no quiere decir censura sino desenmascarar el engaño, que fue lo que sucedió en el juicio de Irving. Actuó solo y perdió porque se logró probar hasta la saciedad sus distorsiones y las de todos los negadores del Holocausto. Hay que estar siempre alerta y combatir la mentira con la verdad.

ARTICULO DE OPINIÓN BY, PAÙL LUSTGARTEN, SACADO DE LA REVISTA: RECUERDA 8tva Edicion, AÑO 2011