MAS ALLÁ DE LA CORTINA DEL TIEMPO (LA ANTELACIÓN DE UNA VISION DE LA MUERTE) TOMO 5 SOBRENATURAL: LA VIDA DE WILLIAM BRANHAM.

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“…Bill despertó. Eran las siete en punto. “He estado soñando tanto últimamente,” pensó. “Me preguntó ¿por qué?” Levantándose él mismo sobre un codo, miró a su esposa y le preguntó, “¿Estás despierta, querida?” Ella no se movió. Volteándose sobre su espalda, se deslizó hacia arriba sobre su almohada hasta que su cabeza casi tocó la cabecera. Luego metió sus manos detrás de su cabeza y pensó, “Me alegra el que no esté predicando esta mañana. Será bueno tan sólo sentarse y escuchar predicar al Hermano Neville para variar.” Sus pensamientos se encaminaron de vuelta hacia su sueño. Él
había descrito una imagen tan celestial del Oeste que lo hizo pensar en lo que había más allá de esta vida. ¿A qué se parecería el morir? Él sabía que entraría instantáneamente a su teofanía, pero no estaba seguro a lo que se parecería aquel cuerpo celestial. ¿Tendría una forma en lo absoluto? Él sabía que tendría un cuerpo sólido cuando Jesús regresara a la tierra a establecer su reino milenario. Pero ¿qué tal si moría antes de la segunda venida de Cristo? ¿A qué se parecería él mientras esperaba? ¿Sería él un espíritu, como una nube flotando por ahí, sin poder platicar con sus amigos o darles un apretón de mano? Eso no parecía muy atractivo. “Ojalá que yo no tenga que pasar por eso,” pensó él. “Yo preferiría tan sólo permanecer un hombre hasta el Rapto. Me pregunto cuánto tiempo me queda. Tengo 51 años de edad ahora, así que en el mejor de los casos, más de la mitad de mi tiempo en la tierra se ha ido, y probablemente más que eso. Papá murió de 52 años. Desde luego que él mismo se provocó la muerte al embriagarse. Sin embargo, Yo no tengo garantía que viva más tiempo de lo que él vivió. Si voy a hacer algo más para Dios, más vale que lo haga pronto.” Desde algún lugar indefinido, una voz dijo, “Apenas estás comenzando. Prosigue la batalla.” Meneando su cabeza, Bill pensó, “Probablemente sólo me imaginé eso.” La voz dijo una vez más, “Prosigue la batalla. Sigue adelante.” “Tal vez dije eso,” pensó Bill. Él puso su mano sobre su boca para asegurarse que sus labios no se estaban moviendo. La voz repitió por tercera ocasión, “Tu galardón se está aproximando. Tan sólo sigue persistiendo en la batalla. Si tan sólo supieras lo que está al fin del camino…” Débilmente, Bill oyó a un coro cantar un antiguo himno de iglesia:
Me siento triste y nostálgico, y quiero ver a Jesús;
Quisiera oír aquellas dulces campanas del puerto sonar;
Iluminaría mi camino y desvanecería todos los temores;
Señor, permíteme ver más allá de la cortina del tiempo.
La voz preguntó, “¿Quisieras ver más allá de la cortina del
tiempo?”
“Eso me ayudaría tanto,” contestó Bill. Lo que sucedió en seguida él no pudo explicarlo. En un momento él estaba acostado en su cama, en el siguiente momento él estaba parado en una ladera teniendo a la vista una planicie extensa y cubierta de hierba. Millares de personas estaban corriendo hacia él a través de la planicie, gritando, “¡Nuestro precioso hermano!” Él sólo podía suponer cuántos millares, pero ellos podían contarse por millones, corriendo en dirección a él de toda dirección. Todos ellos se miraban jóvenes, tal vez al comienzo de sus veinte años— hombres y mujeres en la flor de su juventud, los ojos brillando como estrellas, los dientes reluciendo como perlas. Ellos corrían descalzos, sus mantos blancos agitándose con el salto de cada paso. Los varones tenían el cabello hasta sus hombros; el cabello de las
mujeres les caía hasta sus cinturas. Si esta era una visión, era diferente de cualquier visión que jamás había experimentado. Él podía sentir el prado blando debajo de sus pies descalzos y una brisa suave en su rostro. Aun más extraño, él todavía podía ver su recámara a 20 pies [6.10 metros] de distancia, inclinada en un ángulo de 45º al sitio donde ahora estaba de pie. Allí estaba su camisa colgada en su pilar de la cama y allí estaba acostada su esposa dormida. Lo más extraño de todo, él todavía podía ver su cuerpo acostado junto a su esposa sobre la cama. Sus ojos estaban cerrados como si estuviera durmiendo—o muerto. Cuán extraño se sentía el mirarse a sí mismo en aquella cama, el mirarse a sí mismo como otras personas lo veían—su cuerpo ahora de medio siglo de edad, con su frente calva, cabello canoso escaso y piel arrugada. ¿Piel? Él bajó la vista hacia sus manos. Aquí (dondequiera que aquí fuera) su piel se miraba suave y tersa. Llevándose la mano a su frente, Él deslizó sus dedos dentro de un mechón tupido de pelo ondulado.“No entiendo esto,” dijo él,” “¿Tal vez tuve un ataque cardíaco y me morí? Pero ¿quiénes son todas estas personas corriendo hacia mí?”
La voz le dijo, “¿No te acuerdas, que está escrito en la Biblia que los profetas fueron reunidos con su pueblo?”290 “Sí, recuerdo eso. Pero sin duda que no hay tantos Branhams.” “Estos no son Branhams. Estas personas son tus convertidos al
Señor.” Una joven hermosa llegó a él primero. Ella arrojó sus brazos alrededor de él y exclamó en gozo, “¡Oh, mi precioso hermano!” Su abrazo era tan fuerte como cualquiera que él había sentido con su esposa en la tierra, pero aquí él no sentía la misma sensación. La voz dijo, “¿No la reconociste?” “No, no la reconocí.” “Cuando tú la guiaste al Señor, ella tenía más de 90 años de edad.” Bill mantuvo a distancia a la joven de modo que él pudiera lograr mirarla cuidadosamente a la cara. Ella era una de las mujeres más hermosas que jamás había visto, sin embargo no podía recordar haberla visto antes. Era difícil imaginarla como una anciana arrugada. Con razón ella estaba tan emocionada de verlo ahora. Aunque él no reconoció a la primera mujer, sí reconoció a la siguiente. Se trataba de Hope, su primera esposa.291 Ella se miraba
tan radiante como el día que se casó con ella. Cuando Hope arrojó sus brazos alrededor de él, no dijo, “Mi precioso esposo.” Más bien, ella exclamó, “¡Mi precioso hermano!” Entonces se volvió y abrazó a la primera mujer, ambas gritando, “¡Mi preciosa hermana!” Bill sintió expandirse el amor dentro de él como el universo. No podía haber celos aquí. Este sitio resonaba con perfección. No, era más allá de perfección; era sublime. No, era más allá de lo sublime,
era… Él buscó la palabra descriptiva exacta, pero no pudo hallar una que encajara. Cada concepto importante en el diccionario estaba muy por debajo de esta realidad. “No entiendo esto,” dijo él. La voz explicó, “Esto es lo que tú predicaste que era el Espíritu Santo. Esto es amor perfecto. Nada puede entrar aquí sin él.” Para este entonces la multitud le había rodeado. Hombres jóvenes lo levantaron y lo llevaron sobre sus hombros hacia la cima de la colina. Dejándolo bajar, se echaron atrás y gritaron, “¡Nuestro precioso hermano!” La multitud rodeó la colina y se unió al estribillo—cientos de millares de hombres y mujeres jóvenes, todos ellos gritando, “¡Oh, nuestro precioso hermano!” Bill alzó una mano, pidiendo silencio, para hacer callar a la multitud excitada. Cuando al fin pudieron oírle hablar, él dijo, “Yo no debería estar aquí arriba. No soy alguien especial.” La voz dijo, “Tú fuiste llamado para ser un líder.” La multitud exclamó, “¡Si Ud. no hubiese aparecido con el Evangelio, nosotros no estaríamos aquí!” “¿Dónde es ‘aquí’?” preguntó Bill. “¿En dónde estoy?” La voz respondió, “Este es el sitio que la Escritura llamó ‘almas debajo del altar.’”292
“Si he pasado más allá de la cortina del tiempo, entonces deseo ver a Jesús.” “Él está tan sólo un poco más arriba. Tu pueblo está esperando aquí que Jesús venga otra vez. Cuando Él venga, Él vendrá a ti primero. Entonces tú y tu pueblo serán juzgados de acuerdo al Evangelio que predicaste.” “¿Cada líder tendrá que someterse a este juicio? ¿Qué respecto a
Pablo?” “Sí.” “Entonces no habrá problema conmigo, porque yo prediqué lo que Pablo predicó. Donde él bautizó en el nombre del Señor Jesucristo, yo también lo hice. Donde él enseñó el bautismo del Espíritu Santo, yo también enseñé. Todo lo que Pablo enseñó, yo lo enseñé igual.” “¡En eso estamos confiando!” gritó la multitud. “Somos ricos con seguridad. Ud. nos presentará con Jesucristo nuestro Salvador, y entonces todos regresaremos a la tierra a vivir para siempre.” En ese instante Bill sintió algo dar un codazo en su espalda. Volteándose, vio al caballo que había cabalgado cuando era un niño. “¡Prince! [Príncipe] Sé que estarías aquí.” Prince puso su hocico sobre el hombro de Bill y relinchó. Luego Bill sintió algo lamiendo su mano Bajando la vista, vio a su más estimado amigo de la infancia—su perro cruzado de cacería. “Fritz, yo sabía que también estarías aquí.” La voz dijo, “Todos los que alguna vez has amado, y todos quienes
alguna vez te amaron, Dios te los ha dado aquí.” La escena alrededor del él desapareció, y al mismo tiempo su recámara parecía más real. Bill preguntó, “¿Tengo que regresar a ese viejo esqueleto?” “Sí. Tú tienes que proseguir en la batalla.”
Su siguiente respiro lo llevó de vuelta dentro de su cuerpo viejo. Pero había una diferencia. Algo había cambiado dentro de él—todo el temor de la muerte ya no estaba. Ahora él sabía exactamente a lo que Pablo se refería cuando escribió, “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciera, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.”293 Él se incorporó y puso sus piernas sobre el costado de la cama. “Meda, ¿estás despierta?” preguntó él. Ella no respondió. Bill se puso de rodillas junto al costado de la cama y oró, “Amado Dios, ayúdame a nunca comprometer Tu Palabra. Permíteme predicarla exactamente en la manera que Pablo lo hizo. No me importa qué problemas vengan, o lo que haga alguien más, permíteme quedarme fiel a Tu Palabra y persistir hasta ese lugar.”…”

EXTRACTOS TOMADOS DE LAS PAGINAS 227 AL 231.

290 Refiriéndose a Génesis 28:5; 35:29; 49:29, etc.
291 William Branham se casó con Hope Brumbach el 22 de Junio de 1934,
cuando ella tenía 21 años de edad. Ella murió de tuberculosis tres años después.
292 Refiriéndose a Apocalipsis 6:9 – 293 II de Corintios 5:1